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Convento de San Luis (antes San Francisco), de Daroca
Daroca es una de las ciudades más importantes de Aragón, reciamente protegida por sus murallas, y estratégicamente situada en el antiguo camino real a Madrid, de cuya riqueza y abolengo hablan aún hoy sus antiguos palacios solariegos, sus iglesias románicas y su tradición cultural. Una de sus más antiguas instituciones fue, hasta la exclaustración de Mendizábal, la presencia allí y la actividad evangélica de la Orden franciscana, presente en el venerable convento de San Luis o San Francisco.
Fray Felipe Vallés Assensio dice que antes del año 1225, según afirma Wadingo, ya estaba establecida allí la Minoridad (Nova el vetera, ms.,1723, p. 134).
Es en el tomo I de sus Anales, en el folio 560, nº 13, donde Wadingo lo0 aforma, alegando que existe un documento auténtico donde se prueba que con anterioridad a ese año ya moraban allí religiosos fraciscanos, y que el cronista del rey D. Jaime aseguraba que ese año, el día 18 de julio, en Calatayud, estableció el rey que, durante varios años, debía pagarse cierta medida a cuenta de los habitantes del lugar.
A esa misma opinión se adhieren el Ilustrísimo Mantuano, en la tercera parte de su Crónica, folio 704; Haroldo, en el tomo I de sus Colaciones, 249; Blasco de Lanuza, en el tomo I de su Historia Eclesiástica, libro 5, cap. 36, folio 552. Se trata de un conventículo dentro del casco de la población. Antonio Hebrera difiere de la opinión fijando la fecha de 1237.
En 1723, según Felix Vallés, moraban en este convento 39 religiosos que dirigían un centro de estudios de filosofía.
Era el año1232, con ocasión de proyectar la conquista del reino moro de Valencia que partiría de Teruel, el rey D, Jaime I, al pasar por Daroca, y seguramente comprobada la extrema estrechez en que viven los frailes de San Francisco en una casa que no reunía las más mínimas condiciones de habitabilidad, elige un sitio apto, extramuros de la villa, que lleve el nombre de San Francisco, del que la iglesia se mantuvo en pie, a pesar de los cambios introducidos en el convento, hasta finales del siglo XVII, en que fue demolida para hacer sitio a otra más amplia. Fray José Antonio de Hebrera dice que presenció él mismo este hecho y constata cómo en las tablas de la techumbre “bien labradas”, figuraban las enseñas del rey Conquistador, “y escrito el año de mil ducientos treinta y siete, cinco después que se hizo la fundación (Antonio Hebrera, Crónica de Aragón, Madrid, 1998, p. 7, nº 16). Este mismo historiador anota que, ya con anterioridad, hubo un pequeño convento franciscano de habitaciones imposibles por su estrechez, al que seguramente se refiere Felipe Vallés.
Este antiguo convento, llamado primero de San Francisco y luego de San Luis, formó parte de la Custodia de la Serranía, junto con los de Teruel, Calatayud y Molina, en 1357, con lo que se pretendió zanjar las injerencias de algunos guardianes en territorios de demarcación vecina (Vide Vicente Martínez Colomer, Historia de la Provincia Franciscana de Valencia. T. I. Madrid, 1893, p. 53).
Separación de conventuales y observantes
En 1517, León X, mediante la bula de la Unión, establece la separación en órdenes distintas de conventuales y observantes o Frailes Menores, bien que con anterioridad, el buen criterio de los religiosos que habitan los conventos de San Francisco, de Teruel, y éste de Daroca, para zanjar diferencias que enturbiaban la convivencia conventual, se adelantan a todos, optando por intercambiar religiosos de uno y otro signo entre ambas comunidades, de modo que los conventuales se quedan con el de Teruel, monumental, y los observantes pasan todos al de Daroca, más humilde y recogido.
El año 1537, se convoca Capítulo Provincial en este convento, donde se elige Ministro provincial a fray Antonio Gil, cargo que ejercerá hasta 1540, sucediendo a fray Miguel Mateo, que ya viejo y achacoso, prudentemente no se atrevió a asistir al Capítulo General de Niza (Vicente Martínez Colomer, Historia de la Provincia Franciscana de Valencia, Madrid, 1982, pp.190-192,).
La voz popular guarda la memoria de la predicación de san Bernardino de Siena, en viaje por España hacia Santiago de Compostela y regreso posterior por varios lugares de signo franciscano, como Cariñena y Daroca, por los años de 1545.
En el año de 1557, el Convento de San Francisco figura entre los 12 que constituyen la Custodia de Aragón, según lo establecido en el Capítulo celebrado en el Convento de Jesús, de Barcelona, presidido por fray Antonio Almeida.
Personajes eminentes
Según Hebrera, en este convento descansan los restos de los venerables Padres fray Francisco Faroda, misionero apostólico, y fray Pedro Fortun, confesor.
En torno al año 1557, fue morador de este convento, incidentalmente, el famoso músico y compositor ciego fray Pablo Nassarre, procedente del Convento de San Francisco, de Zaragoza, en tiempo en que hubo de trasladarse a Daroca para recibir instrucción musical del no menos celebrado compositor y organista, ciego como él, Pablo Bruna.
En el convento franciscano de San Luis, en Daroca, que entonces era “casa recoleta” concluye sus estudios previos al sacerdocio el venerable y popular fray Pedro Selleras, que con 19 años había ingresado como novicio en el convento de Nuestra Señoras de Jesús, y después de profesar en el convento de Santa Catalina, Cariñena, el día 12 de mayo de 1576 en manos del guardián fray Antonio Torres, que antes, en 1567 había ejercido como ministro provincial, es enviado al convento de San Luis, en Daroca. Era ministro provincial a la sazón fray Francisco Guzmán (Cfr. Fray Juan Pérez López, Vida del venerable fray Pedro Selleras, Zaragoza, 1703, p.12, 17 y 27).
Necrologio
Las disposiciones que para cada capítulo o congregaciones preparaba el Colegio de San Diego, según cabreo del Archivo provincial de la Provincia de Valencia, desde 1766 a 1798, fallecen en este convento los siguientes religiosos:
- fray José Gimeno , predicador, entre 1766 y 1768;
- fray Antonio Rada, hermano lego, entre 1768 y 1770;
- fray Juan Andrés, hermano lego, entre 1771 y 1773;
- fray Joaquín Escorihuela, predicador, entre 1771 y 1773;
- fray Manuel Tejada, predicador, entre 1771 y 1773;
- fray Pedro Abadón, entre 1773 y 1774;
- fray Pedro Pérez, predicador, perteneciente al número venerable de los que llevaban vistiendo el hábito 60 años, entre 17776 y 1777;
- fray Bernardo Zabal, hermano lego, entre 1779 y 1780;
- fray Franco García, predicador, entre 1780 y 1782;
- fray Pedro Abegez, corista, entre 1780 y 1782;
- fray Jaime Bázquez, predicador y presidente de terceros, entre 1785 y 1786;
- fray Francisco Paracuellos, hermano lego, entre 1788 y 1791;
- fray Bernardino Salinas, entre 1792 y 1794;
- fray Calisto Canarcega, perteneciente al grupo de los de 60 años de hábito, entre 1792 y 1794;
- fray Francisco Fernández, lector de teología y guardián, entre 1795 y 1707;
- fray José Parras, predicador del grupo de los de 60 años de vestir hábito, entre 1795 y 1797;
- fray José Sánchez, predicador general y ex definidor, entre 1795 y 1797;
- fray José Franco, predicador, entre 1795 y 1797;
- hermano Jorge Aznar, donado, entre 1795 y 1797;
- fray Ignacio Funo, preicador y vicariode coro, entre 1795 y 1797.
A fray Francisco Fernández se le nombra guardián del Colegio de San Diego, Zaragoza, en el Capítulo celebrado en Huesca el día 10 de noviembre de 1792 y era guardián todavía el día 15 de febrero de 1794.
Es de ver cómo la mayoría de los sacerdotes ejercían el ministerio de la palabra, al que se accedía mediante una ceremonia celebrada con toda solemnidad, previa acreditación de estar uno suficientemente preparado.
Según mi informes tomados de viva voz en la localidad, tras la desamortización, el convento se convierte en una fábrica harinera, de la que tampoco queda ya más que su memoria.
