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Convento de Santa Catalina, de Cariñena

El convento franciscano de Cariñena es uno de los más singulares de los que formaban la Provincia de Aragón. Quedaba a las afueras de la población, “a menos distancia que una legua de esta famosa villa”, en un altozano donde originariamente se alzaba la ermita de Santa Catalina que daría nombre al convento.

Su fundación

El cronista aragonés fray Félix Vallés, en su obra manuscrita Nova et vetera, 1722, pp. 14 y 15, nº 18, sobre el origen de este convento, citando a varios cronistas de nota, en su viene a decir que:

Sobre el origen del convento recoleto de Santa Catalina, virgen y mártir, de la villa de Cariñena, perteneciente a la Diócesis de Zaragoza, difieren varios cronistas en qué año fue erigido, y entre ellos, el que más desatina es Blasco de Lanuza, en el tomo I, de su Historia Eclesiástica, libro 5, cap. 36, folio 552, donde asegura que el convento se erigió en el año 1225. Wadingo, sin embargo, y Haroldo, en el tomo IV, en el año 1425, n. 5, folio 1207 -siguiendo a Wadingo-, dice que “El papa concedió a la Provincia de Aragón cuatro conventos de la Regular Observancia: Segorbe, Santa María de los Ángeles, Santo Espíritu, en el yermo, San Francisco, en Chelva y el de Romario, comúnmente llamado Manzanera, conventos que se unen en una misma custodia, bajo la advocación de La Virgen de la Vega.

A estos se unieron, el año siguiente, los conventos de Tarazona, Sagunto, Cariñena y Alumna [Almunia ], que juntos con los primeros dispuso el papa que se atuvieran al decreto del Concilio de Constanza, un decreto emitido en favor de los observantes franceses, al que debían ajustar su forma de vida.

De todo lo cual se infiere que, ya en el año 1425 existía el convento de Cariñena. Sólo que, si por Alumna entendemos convento de La Almunia, no pude ser cierto que dicho convento estuviera ya fundado en esa fecha. Viene a incrementar la confusión  el Illmo. Mantuano, que da por cierta la dudosa la tradición cariñense de que fuera san Bernardino de Sena, quien fundo dicho convento en año 1445. Wadingo y Haroldo lo impugnan, ya que el día 29 de mayo del año 1444, muere en Italia san Bernardino de Sena.... De todo lo cual se infiere que esta erección no tiene lugar en el año 1425, ni en 1441, que dice Hebrera ( tabla 5 de su Crónica, libro IV, col. nº. 13). La propuesta más acertada sería la de que el convento se funda en el año 1424 (Haroldo , tomo I, n. 5, col. 1207).

La observancia

Muy pronto, concretamente en el año 1425, junto con los conventos de San Francisco, de Tarazona, San Cristóbal, de Alpartir y San Francisco, de Murviedro, el convento de Santa Catalina se separa de los Claustrales o Conventuales y se integra en el núcleo de la Custodia de la Observancia, que toma el nombre de Nuestra Señora de la Vega.

Es voz tradicional que, en los fervorosos tiempos en que empezaba a extenderse por tierras aragonesas la vuelta de los franciscanos a la observancia de los orígenes, el santo predicador san Bernardino de Siena, de paso por Aragón en su visita a Santiago de Compostela, predica en el convento de San Luis de Daroca y en la ermita de Santa Catalina de Cariñena, donde fundaría el primitivo convento de ese nombre, una de cuyas habitaciones, “la celdita de san Bernardino”, mantuvo largo tiempo la memoria de su breve permanencia en dicho cenobio. Sería entonces el año de 1425 la fecha de su fundación, por más que hay historiadores que la retranquean a 1427.

En 1517, Aragón tenía cuatro Custodias. Fray Jaime de Alcalá fue el primer Ministro Provincial de la Observancia, para lo que dejó de ser Vicario, que lo había sido hasta entonces de la Custodia precedente. La Custodia de Aragón cuenta ya entonces 12 conventos, entre los que contaba el de Santa Catalina de Cariñena.

El convento de Cariñena es también uno de los que se integran al proyecto de  renovación observante de la vida conventual que rige la Recolección, promovida por fray Antonio Cálcena, en 1524, sujeta la comunidad desde entonces al rigor de las Constituciones recoletas de Valladolid.

En el año 1722, el número de religiosos que componían la comunidad ascendía a  28, según lo consigna fray Félix Vallés, o. c.).

Religiosos ilustres

A tan digno origen no le han faltado personajes ilustres que han honrado con su presencia el ámbito recogido del pequeño cenobio. En Cariñena nace precisamente fray Pedro Manero, que realiza su formación religiosa en el convento franciscano y que alcanzaría el alto honor de presidir la Orden como Ministro General, para recalar luego en Tarazona, como obispo de la Santa Iglesia.

“Hablando de este convento el ilustrísimo Gonzaga, el analista propio, el Padre Haroldo, y Barezzio, con el Padre Arturo en las notas a nuestro Martirologio, dicen que floreció maravillosamente en varones ilustres en santidad, siendo un seminario venerable de las más heroicas virtudes, pero que entre tantos religiosos ejemplares como tuvo, sobresalió el venerable padre fray Diego, llamado por antonomasia el Descalzo.

El Martirologio resume muy brevemente su trayectoria espiritual diciendo de él: Apud Carinienan, in Hispaniae tarraconensis oppido, B. Didaci, Discalceati, confessoris, quie humilitate, charitate, atque patientia pollens, signis etiam post mortem corruscavit.

Hubo efectivamente en el Convento de Nuestra Señora de Monlora una reliquia de tan insigne varón, que llaman allí de fray Diego, a cuya mediación se le atribuía “innumerables milagros”.

El santo religioso vive en Cariñena por los años de 1470, “no mucho después de la fundación del convento de Santa Catalina”, hasta el punto de llamársele fray Diego de Cariñena, bien que no consta que fuera natural de dicha localidad, donde al final de sus días entrega su alma a Dios.

En los conventos de Cariñena y Monlora, alejado igualmente de la población, transcurre toda su vida, dado a la oración y a la predicación de preferente manera. Precisamente en actitud orante, mientras meditaba en la Pasión de Cristo, figuraba pintado en el Convento de San Francisco de Zaragoza, “frente a la capilla de santa Ana, hacia la sacristía, con una inscripción debajo del retrato que cuenta el suceso [un éxtasis] y dice cómo fue un predicador muy fervoroso”. (Vide Hebrera, Crónica, p. 532).

Uno de sus guardianes que más y mejor prestigió el cargo con la ejemplaridad de sus virtudes fue el venerable fray Pedro Selleras, tan fervoroso de la cruz, que su consideración le producía profundos arrobos, de que fueron testigos los mismos coristas que se formaban en la comunidad ( Cfr. Fray Juan Pérez López, Vida del venerable fray Pedro Selleras, Zaragoza, 1703, p. 56).

En este convento, añade fray Félix, o.c, descansan, además de los restos venerables de fray Diego el Descalzo o de Cuna o del Sepulcro, llamado de Cariñena, fray Francisco Gil de Sofía, y fray Jerónimo Capsir, predicadores.

La provincia de Aragón

Cuando el año 1559, las Custodias quedan abolidas al ganar la calificación de Provincias independientes, entre la de Aragón cuenta el convento de Santa Catalina, lugar elegido en alguna ocasión por los superiores de la Orden para la celebración de sucesivos capítulos provinciales de los que surgieron varones eminentes, como los ministros provinciales fray Cristóbal Palomo, fray Isidoro Gómez y fray Joaquín Bonet. El primero, fray Cristóbal Moreno, lector jubilado, secretario general de la Orden, custodio, padre o visitador de la provincia franciscanas de Burgos, obtiene el nombramiento de ministro provincial de Aragón el día 11 de septiembre de 1768.

Pondría su alma en las manos de Dios, en el Real Convento de Zaragoza, entre el día 13 de febrero de 1779 y el 30 de septiembre de 1780.

A fray Isidoro Gómez, lector jubilado, se le elige el día 39 de septiembre de 1780, y pone su alma a los pies de Dios, también en el Real Convento, un día entre 1782 y 1783.

Fray Joaquín Bonet había sido lector de teología, predicador apostólico, ex comisario general de Tierra Santa por Roma, definidor, padre de visita de la provincia Castilla y de Burgos. Había sido elegido provincial en este convento de Cariñena, el día 17 de septiembre de 1768, y concluida su laboriosa tarea ministerial, Dios lo llama hacia sí, en el Real Convento, entre los años 1782 y 1783, según consta en el cabreo0 de las disposiciones para capítulo del Colegio San Diego (ms., Archivo Provincial de los Franciscanos de Valencia). 

San Francisco de AsísGuerra de la Independencia

Con la invasión francesa, en 1808, destruido el edificio, cierra sus vencidas puertas el convento para siempre. Asignado al convento, perduró un hospicio, fundado el año 1631, atendido por cinco religiosos, que incluso destruido el convento por la invasión francesa, reanuda su labor benefactora hasta desparecer con la infeliz desamortización.

Ana Sanz de Bremond da cuenta de un testamento en que Juan Francisco Martínez, mercader de Zaragoza, dispone el año 1629, la fundación de “un colegio de Frailes Franciscanos en los términos de la villa”(AIA, Ana Sanz de Bremond, Documentos Franciscanos de los Conventos de la Corona de Aragón, 249 (2001), p. 429). Y otra escritura posterior conservada igualmente en el Archivo Histórico Nacional, con fecha de 1743, corrobora que, efectivamente, en el convento existía un Colegio de San Buenaventura, para cuyo mantenimiento unos devotos del lugar imponen un censo de pensión anual (AIA, Ana Sanz de Bremond, o. c,  p. 431).

El cronista franciscano Fray Félix Valles ha dejado constancia de que el convento disponía además de un hospicio para la atención de enfermos en la localidad, probablemente terciarios franciscanos, donde permanecen algunos de los religiosos, destruido el convento por la invasión francesa de forma tal que no vuelve ya a rehabilitarse, y es interesante a este respecto la existencia de un documento donde el Ayuntamiento de Cariñena, el año 1624, accede a que los franciscanos procedan a edificar dicho hospital con fecha de 1624.(AIA Ana Sanz de Bremons, o. c, p. 429).

Es sintomático que el Libro de recibo libre del convento, que se cerraba anualmente en el mes de julio, concluya sus cuentas el 22 de agosto de 1835, fecha en que la desamortización cierra a los religiosos sus conventos, y con ello, la atención a sus colegios y hospicios.

Necrologio

En el Cabreo de disposiciones para dar cuenta, un año en capítulo y el siguiente en congregación, del Colegio de San Diego, o. c., entre los difuntos de la provincia franciscana de Aragón, figuran los siguientes cuyo óbito ocurre en este convento de Cariñena:

Añadamos que en Cariñena los religiosos dirigían un hospicio o enfermería, que sobrevive a la guerra francesa y perdura hasta la desamortización. En él concluyen sus días los religiosos fray Andrés Guzmán, predicador, entre los años 1773 y 1774, Manuel Gascón, predicador y residente en el hospicio, entre 1792 y 1794 y el hermano donado José Rebollo, entre 1785 y 1785

Fray Ángel Martín, ofm.