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Convento de San Francisco, de Tarazona
Tarazona es una población de la provincia de Zaragoza situada entre el Moncayo y el río Ebro, que como cabeza de partido comprende 20 entidades. El término con una extensión de 243 km cuadrados, comunica el valle del Ebro con la meseta.
Fundación del convento
Es devota voz que la tradición mantuvo siempre viva, sobre la fundación de este antiguo convento, que fue el propio san Francisco quien dio curso a su historia en lo que fue ermita de San Martín, de Tarazona. Regresaba Nuestro Padre de su peregrinación a Santiago y al llegar a Tudela, se hospeda en casa de un noble caballero del lugar, quien al conocer la labor evangelizadora que vienen realizando sus religiosos, patrocina la fundación de un convento en el lugar, el año 1214. Al cabo de unos días, de Tudela pasa a la vecina Tarazona el santo peregrino, donde se recoge en una ermita a que había quedado reducido un antiguo convento benedictino.
En el retiro de la ermita, contando con la venia del obispo de la localidad, funda igualmente un pobrísimo convento. No le faltaron vocaciones. Uno de los primeros religiosos que habitan el humilde convento fue un canónigo del noble linaje de los Vierlas, que movido a mayor estrechez de vida por el ejemplo pobre de Francisco, toma el hábito de sus manos en el recién fundado convento.
Existió un cuadro en la pared de la iglesia, “frente por frente” a la puerta principal en donde figuraba san Francisco, recibiendo de una devota familia local unas tierras donde, adosado a la pequeña ermita, se edifica el convento, y aun quedaba un trozo de huerta para el ordinario sustento de la comunidad.
Tenía entonces Francisco 32 años. Canonizado por el Papa Gregorio IX, el convento, en honor de su fundador, cambia la primitiva denominación de San Martín, por la de San Francisco.

Su historia
Cuenta fray Antonio de Hebrera que, durante el viaje desde la villa de Agreda a Aragón, que hace Dª. Leonor de Castilla para casarse con el rey Alfonso el Benigno, viudo de Dª. Teresa de Entenza, al llegar a Tarazona decide hospedarse en el convento de San Francisco, devota como era de la Orden franciscana, alguno de cuyos religiosos fueron sus árbitros y consultores en sus desavenencias con el rey.
Con fecha de 14 de mayo de 1318, el ministro provincial de Aragón, Pedro de Atarrabia recibe del Papa Juan XXII, la concesión de refundar el convento, a instancias de Jaime II, muy implicado en los intereses de la Orden.
Dos años después, en 1320, al conocer el rey la supuesta intención del ministro provincial Pedro Atarrabia, navarro de nacimiento, de incorporar el convento a la custodia de Navarra, instado por los religiosos aragoneses, impone su determinación, en sucesivas cartas, a que no se lleve a cabo semejante intento, que implicaba repoblar de frailes navarros algunos de los conventos de Aragón (Cfr. AIA, Pío Aragües, OFM, Fray Pedro Atarrabia y Jaime II, 108, 1967, pp. 453 y 457).
Tarazona, junto con los conventos de Daroca y Jaca, forma parte de la Custodia de Zaragoza, cuando en el Capítulo de Narbona, que preside san Buenaventura, el año 1377, la de Aragón se divide en siete custodias.
Es uno de los primeros conventos de los claustrales que se agregan a la Custodia de la Virgen de la Vega, desde que en 1388, la Silla Apostólica les concede volver al primitivo rigor de la Regla, con independencia de la conventualidad, junto con los de Santa Catalina, de Cariñena, San Francisco, de Murviedro y San Cristóbal, de Alpartir.
En 1570, Tarazona figura entre los 12 conventos que constituyen la Custodia aragonesa.
Un libro de cuentas signado en el Archivo Histórico Nacional con el número 18695, concluye en el mes de diciembre de 1835, fecha de la exclaustración de los frailes que coincide con los demás conventos (AIA, Ana Sanz de Bremond, o.c, p.439).
La iglesia
La Gran Enciclopedia Aragonesa, t. XII, dice de ella que es: "una nave de cinco tramos con capillas entre los contrafuertes y cabecera poligonal. Se cubre con bóveda de crucería estrellada cuyos nervios descansan en ménsulas heráldicas. Es obra del siglo XV y del XVI. En el siglo XVII se construyeron las sacristías y sala capitular y entre 1793 y 1801, la capilla de la Venerable Orden Tercera por el maestro José Basurte, interesante por su movida concepción espacial. Al sur de la iglesia se encuentra la torre y el claustro muy deteriorado, al que se abre la capilla de la piedad, donde fue consagrado obispo Francisco Jiménez Cisneros.
El retablo mayor está dedicado a la Inmaculada y es obra clasicista de la primera mitad del siglo XVII con mazonería del estilo y taller de José Virto y esculturas de los talleres de Calatayud. Adosado al presbiterio está el sepulcro de D. Pedro Quintana (+ 1528) que contribuyó a l ampliación de la iglesia. En la quinta capilla del lado del Evangelio, está el retablo de santa Ana, de mazonería de la segunda mitad del siglo XVI y pinturas sobre tablas que pueden atribuirse a Moland de Mois. Empotrado en el muro del atrio de entrada se conserva un grupo escultórico que representa la donación de la ermita de San Martín de las Heras a san Francisco de Asís por los esposos Novallas, obra gótica de fines del siglo XIV o comienzos del XV. Procedente de esta iglesia, se conserva en el palacio episcopal una custodia de plata sobredorada de templete gótico, de fines del siglo XV o comienzos del XVI".
Necrologio
En el cabreo del Colegio de San Diego, archivo provincial de la Provincia franciscana de Aragón-Valencia, figuran los siguientes religiosos difuntos en el convento de Tarazona:
- Fray Joaquín Arpa, corista, fallecido entre 1766 y 1768;
- fray Pedro Chueca, entre 1768 y 1770;
- fray Raimundo Pueyo, hermano lego, entre 1770 y 1771;
- fray Pedro Casanova, predicador general, ex secretario y padre o visitador de la Provincia de la Concepción, perteneciente al número privilegiado de los que han vestido el hábito 60 años, entre 1771 y 1773;
- Fray Francisco Tabuenca, lector de teología y colegial mayor de Alcalá, entre 1771 y 1773;
- fray Miguel Vicioso, predicador, entre 1773 y 1774;
- fray Joaquín Pallarés, predicador, entre 1773 y 1774;
- fray Ignacio Serrano, hermano lego, entre 1773 y 1774;
- Fray Francisco Moreno, predicador, entre 1776 y 1777;
- fray Antonio Ruiz, predicador, entre 1776 y 1777;
- fray Francisco Barbosa, entre 1777 y 1779;
- fray Antonio Zorraquino, lector jubilado, entre 1777 y 1779;
- Fray José Jiménez, predicador, entre 1777 y 1779;
- fray Lorenzo Navarro, predicador u confesor de monjas, entre 1777 y 1779;
- fray Antonio Navón, entre 1779 y 1780;
- fray Manuel Martínez, predicador y vicario de coro, 1779 y 1780;
- fray Francisco Morlán, predicador, 17682 y 1783;
- Fray Miguel Pascual, de los que visten el hábito 60 años, entre 1782 y 1783;
- fray José Álvarez, predicador y penitenciario, entre 1783 y 1783;
- fray Francisco Escolán, predicador general, entre 1785 y 1786;
- Fray Lucas Gotor, predicador jubilado, 1785 y 1786;
- fray Jun Navarro, hermano lego, entre 1786 y 1788;
- fray Vicente Celma, predicador de los de 60 años, entre 1786 y 1788;
- fray Felipe Alagón, hermano lego, entre 1791 y 1792;
- fray Mariano Pueyo, predicador, entre 1792 y 1794;
- fray Antonio Lucas, entre 1792 y 1794;
- fray Francisco Biela, hermano lego, entre 1795 y 1797;
- fray Vicente Caballón, predicador apostólico, entre 1795 y 1797;
- fray Manuel Thaus, hermano lego, entre 1797 y 1798;
- fray Vicente Carballo, predicador apostólico, entre 1795 y 1797;
- fray Felipe Bornao, hermano lego, entre 1798 y 1800;
- fray Miguel Lamata, predicador, entre 1798 y 1880
Conclusión
Desde los días de la exclaustración en 1835, carecemos de datos que nos permitan reconstruir los detalles de la desmantelamiento del convento y su final demolición, bien que permanece abierta al culto la iglesia, adosada al claustro, muy deteriorado, últimamente usada como catedral, durante los trabajos de reparación de la misma.
Fray A. M., ofm.
